Un hombre de mediana edad se ausentó de su trabajo, fue directo a su casa, prendió el televisor y se sentó en una silla. Se quedó ahí mismo sin hacer ningún movimiento, sin decir una palabra, sin responder al teléfono o al llamado de la puerta, sin inmutarse ante los gritos que daba su mujer desde el otro cuarto.
El hombre no se movió nunca más y fue grande la sorpresa de su esposa cuando vio que su marido se había convertido en una silla. Así que para no desaprovecharlo apoyó sobre él su ropa usada y sucia. Ahora, al menos, su marido-silla le serviría para algo.
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