Uno llega y hay niños jugando todo por ahí y no hace nada porqué espera. Revistas lee, diarios lee, libros lee y el tiempo vuela. Las pruebas de aptitud, los caramelos, las bodas de plata, y jugar al Rummy hasta el cansancio. Algunas dolencias, algunos olvidos, algunas crueldades bien redactadas y enviadas al remitente equivocado. Algunas personas que no tuvieron su oportunidad, que la merecen pero no se atreven a entrar al consultorio mientras el doctor está atendiendo a otra paciente. Entonces, se sientan al lado de señoras que hablan mucho y pretenden leer una revista pero miran de reojo esa puerta.
Las peleas, las angustias, los recuerdos, las hamacas se siguen moviendo. La moralidad que no te deja ser, la inconciencia social te limita. Y no experimentás ni la mitad de las cosas por miedo a caer en la tentación, por miedo al cambio, porque te gusta tanto la comodidad de tu vida ya vendida al mejor postor y para siempre. Es difícil ser uno mismo, y por eso adoptás treinta y siete caras para las treinta y siete situaciones distintas.
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